Malaria del corazón

Otra vez aquí. Varado en la quintaesencia. Cambian las estaciones, pero la pulsión es siempre la misma: estás roto por dentro… una leucemia mental envenena tus pensamientos, y -al tiempo que te hundes- una delgada hoja en blanco es tu único escudo para protegerte del afilado estoque del desaliento.

Tu última guerra lunar ha desbaratado tu armazón; te ha dejado destrozado, hecho pedazos… no ha sido una muerte instantánea… pero esa malaria del corazón ha terminado contaminando tu tendencia alcista.

Esclavitud bursátil; mi sino cotiza a la baja. La barrera de mentiras se desvanece en un racimo de solemne y rotunda realidad.

Mi latido no sigue. ¡Prosigue!, mi intento, de controlar, ¡sin tiento!, el ánimo y la angustia contenida de mi aliento….

Vadeo la vacuidad. Mi absoluta carencia difumina mis relativas dádivas espirituales. Me siento morir en vida. Grito desesperado por una salida… mas todas mis pataletas existenciales son vanas en la inamovible corriente del destino.

Retos y propuestas. Toda novedad carece de sentido en esta onda expansiva de metralla nihilista. Hecatombe: un alma resquebrajada tras el estallido de la lapa que parasita mis axiomas vitales.

Sigo rezando… nuestra gótica oración plagada de blasfemias… novilunio de resurrección… una lágrima solitaria asoma cuando leo y te recuerdo… cuando me doy cuenta…


–demasiado tarde-


…de lo cerca que te he tenido, de las oportunidades que he desperdiciado y del negro manto de estúpida soberbia que te ha desintegrado de mi horizonte de posibilidades…

Dicotomía


Las fichas de tu puzle encajan; amortajan, impávidamente, las piezas obsoletas de mi mente.

Mientras el ángel destruye, tú observas: mi corazón intuye tu placer sin reservas. En tus ojos mi enemigo… en mis brazos la deletérea desesperación de sentirte conmigo.

Vuelvo a ti, princesa de la aurora… tú que siempre odiaste en lo que me he convertido ahora.

Falacia inmaculada, amistad traicionada, el níveo manto de la fullería envuelve la estela de nuestra época dorada.

Tu ambrosía en su culmen; fruición ávida, danzas alegremente al tiempo que muere la crisálida.

Te siento, muy dentro… me falta el aliento, me muevo sin tiento… tu amor, presiento, en manos está de un títere macilento…

Cartografía de una sincrónica dicotomía… tus valles y montañas sepultarán por siempre los estratos de mi melancolía.

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